Relatos

El sacrificio

Soy un hombre solitario que vive en un pequeño pueblo en la montaña. Hace algún tiempo, comencé a escuchar rumores acerca de tres brujas que habitaban en las colinas cercanas.

Dicen que estas brujas robaban niños y los sacrificaban en sus rituales oscuros.

Al principio no le di mucha importancia a estos rumores, pero después de ver a varios niños desaparecer sin dejar rastro, comencé a tener miedo.

Una noche decidí investigar por mi cuenta. Caminé por el bosque hasta llegar a una pequeña choza en la ladera de una montaña.

Me asomé por la ventana y vi a las tres brujas, con su piel pálida, sus rostros arrugados y sus ojos inyectados en sangre. Tenían cabellos largos y grises y sus bocas tenían una mueca cruel en ellas.

Caminaban con dificultad pero su presencia era intimidante. Hablaban a través de un susurro ronco y gutural y sus voces nacidas de las catacumbas parecían provocar un escalofrío en el aire.

Pude comprobar que su magia era poderosa y tenebrosa, podían controlar las sombras y las tinieblas para hacer su voluntad.

Eran crueles y despiadadas, no dudarían y menos aún sentirían piedad para sacrificar a niños inocentes y así obtener más poder.

Continué observándolas mientras rezaban ante un altar cubierto de huesos humanos.

En ese momento, una de ellas levantó la vista y me vio con su mirada penetrante que parecía ver directamente mi alma.

Corrí de regreso a mi casa, pero no podía sacar de mi cabeza la imagen de esas brujas y sus ojos terroríficos.

Durante las noches, escuchaba sus diabólicas voces susurrar en mi oído y sentía sus manos frías en mi piel.

Finalmente, una noche no pude resistir más. Me dirigí de nuevo hacia la choza de las brujas decidido a descubrir la verdad.

Al llegar encontré a un niño atado en un tronco, su cabeza la tenía cubierta con una especie de saco podrido y no paraba de llorar en el altar.

Al instante, en un abrir y cerrar de ojos las brujas me rodearon y comenzaron a rezar en un idioma desconocido.

De repente, una luz brillante las envuelve y desaparecieron junto al niño. No sé qué sucedió después. Creí que a partir de ahí nunca más volvería a verlas o a escuchar hablar de ellas, pero no fue así.

Al llegar a casa mi hijo no estaba, había desaparecido. Aquel niño que vi en el altar era mi pequeño.

Esa misma noche las brujas me atraparon y me llevaron a su verdadera guarida, un lugar tétrico y tenebroso lleno de sombras que estaba oculto en una misteriosa y húmeda cueva.

Allí me explicaron su plan malvado. Querían utilizar el corazón de mi hijo para obtener más magia satánica y controlar el mundo.

Intenté luchar contra ellas pero sus poderes eran demasiado fuertes para mí. Me dejaron allí atrapado y desesperado, durante varios días pasé sin comer ni beber en medio del barro mal oliente y sin poder ver la luz mientras seguían adelante con su maligno plan.

Finalmente, llegó el día en que mi hijo fue sacrificado en un ritual ancestral en medio de toda esa negrura tenebrosa.

Las brujas llevaban túnicas negras y capuchas que les cubrían el rostro y en sus manos sostenían fémures a modo de varitas y cántaros llenos de líquidos turbios que bebían mientras consumaban el acto diciendo blasfemias y rezos antiguos.

No pude hacer nada para detenerlo. Vi cómo mi hijo desaparecía para siempre, mientras las brujas extraían su tierno corazón y lo usaban para potenciar su magia.

No puedo explicar lo que sentí en ese momento, era una mezcla de tristeza, ira y desesperación. No podía creer que mi niño hubiera sido sacrificado de esa manera.

De repente desperté tirado en medio del bosque. Había sido liberado y tenía la sensación de que todo había sido solo un mal sueño, una pesadilla, pero todo fue real.

El sacrificio de las brujas que robaron a mi hijo cambiaron mi vida para siempre.

Estoy seguro que aún están por ahí, esperando su próxima víctima.

Compartir
Abrir chat
💬 Hola¡¡ ¿En qué puedo ayudarte?
💬 Hola¡¡ ¿En qué puedo ayudarte?