Relatos

Maldición lunar

Todo un lujo compartir esta aventura terrorífica con escritores de varios países. He sido seleccionado para que mi relato titulado “Maldición Lunar” sea dramatizado por las mejores voces de este país y formar parte del especial, Noche de Terror VII “La noche del Licántropo” 2023.

Eternamente agradecido al terrorífico equipo de Martes de Terror.

Increíble portada que da vida a mi relato “Maldición Lunar”.


Escucha mi relato es el primero

Relato

Desde lo más profundo de mi ser, me veo compelido a relatar la espeluznante experiencia que me acechó en las sombras de una lúgubre noche de luna llena. Mi pluma tiembla mientras evoco los horrores que presencié, pero siento la urgente necesidad de compartirlo, aunque tan solo sea para advertir a otros sobre los peligros que yacen ocultos en los misterios de la licantropía.

Aquella noche la luna colgaba en el firmamento como una esfera de plata, derramando su fulgor siniestro sobre la tierra. Estaba solo en mi estudio, absorto en mis investigaciones sobre antiguos rituales y mitos olvidados. Mi mente estaba abrumada por la curiosidad mientras leía relatos de bestias que se transformaban de hombres a lobos bajo los influjos de la luna llena. Aunque consideradas estas historias como meras fantasías, una inquietante sensación de inquietud comenzó a adentrarse en mi ser.

Un ulular distante y melancólico, como el lamento de un alma atormentada, se filtró a través de las rendijas de mi ventana. Mis manos temblaban al girar las páginas amarillentas de los textos prohibidos que yacían sobre mi escritorio. Los relatos hablaban de un antiguo linaje maldito, cuyos miembros se transformaban en bestias salvajes durante las noches de luna llena. Mis ojos se encontraron con un grabado que representaba a uno de estos licántropos, una criatura con ojos enloquecidos y garras ensangrentadas.

Mi corazón latía con un ritmo frenético, y sentí como si una presencia maligna estuviera al acecho en las sombras. Fue entonces cuando escuché un crujido tenue, casi inaudible, proveniente del pasillo. Mis sentidos se agudizaron, y la atmósfera en la habitación parecía cargada con una electricidad ominosa. Mi mirada recorrió la puerta entreabierta, y allí, en el umbral, vi una figura oscura y peluda.

Era como si el mismísimo terror hubiera tomado forma frente a mí. La figura se erguía sobre dos patas, pero su cuerpo estaba deformado, retorcido en una amalgama de carne y pelo. Sus ojos brillaban con un resplandor bestial y hambriento, y sus garras chasqueaban mientras se flexionaban y extendían con una anticipación inquietante.

La criatura avanzó hacia mí con pasos silenciosos. Mi garganta estaba seca, y las palabras se negaban a abandonar mis labios. Mi mente luchaba por aceptar la realidad de lo que estaba viendo. Un licántropo, una encarnación de la misma leyenda. Una  pesadilla hecha realidad y yo estaba indefenso ante su poderío.

El olor a musgo y tierra mojada se infiltra en la habitación mientras la criatura avanza, mi pulso resonaba en mis oídos, mis pensamientos se volvieron incoherentes y erráticos. No tenía escapatoria, me vi atrapado en un juego macabro entre el hombre y la bestia.

La criatura finalmente se detuvo a pocos pasos de mí. Sus grifos se abrieron en un rictus siniestro, revelando dientes afilados como cuchillos. Un gruñido gutural reverberó en el aire y su mirada depredadora se clavó en mí como un puñal helado. Estaba a punto de ser devorado por la voracidad insaciable de este ser hambriento.

En ese momento de desesperación, una idea surgió en mi mente como un destello de esperanza. Recordé uno de los antiguos rituales que había leído, un conjuro que supuestamente tenía el poder de controlarlos. Mi mano temblorosa se alzó y trazó símbolos en el aire mientras balbuceaba las palabras del conjuro.

La criatura emitía un gruñido de malestar, sus ojos titilaron con incertidumbre. Por un instante pareció como si la lucha interna entre el hombre y la bestia se manifestara en su mirada. Sus garras se aferraron a su cabeza y su cuerpo comenzó a temblar violentamente.

Con un aullido desgarrador la criatura colapsó al suelo convulsionando. El hechizo parecía hacer efecto, al menos temporalmente. Mientras observaba el espantoso espectáculo me di cuenta de la magnitud de lo que había desencadenado. Había incursionado en un reino de horrores más allá de mi comprensión y las consecuencias de mi curiosidad amenazaban con consumirme.

La criatura finalmente se detuvo y su cuerpo yacía inerte en el suelo, una grotesca amalgama de carne y pelo que una vez fue humano. La luna en el cielo comenzó a perder su resplandor y la habitación se sumió en una penumbra sepulcral. Mi corazón seguía martillando en mi pecho, pero una sensación de alivio se entrelazaba con el miedo que me sentía.

Me acerqué con precaución a la criatura; sin embargo algo en su mirada inerte me atrajo, parecía hipnotizarme y me llenaba de una extraña sensación de conexión. Me arrodillé a su lado y observé sus rasgos, ahora en reposo. Los cabellos enmarañados y el hocico bestial ya no inspiraban temor, sino una curiosidad mórbida.

Mis manos temblaron al tocar la piel fría y húmeda de la criatura. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral y un pensamiento oscuro comenzó a germinar en mi mente. Sentí un deseo extraño, un anhelo salvaje que despertó en lo más profundo de mi ser. Las imágenes de los relatos y las descripciones de los rituales danzaron en mi cabeza, mientras una certeza retorcida comenzó a tomar forma.

Incapaz de resistirme a la llamada interior, me levanté con torpeza y me alejé del monstruo. La luna en el cielo parecía estar más cerca, más influyente, sentía una oleada de poder que fluía a través de mis venas. Mi piel se estiró y se rasgó, un dolor indescriptible me arrancó un alarido. Caí de rodillas mientras mi cuerpo comenzaba a deformarse y cambiar.

Los huesos crujieron, la carne se retorció, mis sentidos rápidamente se agudizaron, cada sonido se amplificó y todo olor se intensificó. La luna ejercía su control sobre mí, y la bestia que había sido liberada se apoderó de mi ser. Un aullido desgarrador escapó de mi garganta, fusionando los gruñidos con el miedo y el placer en una macabra sinfonía.

Mi transformación en licántropo se horneó, ahora yo era el que contemplaba el mundo a través de ojos salvajes y fauces hambrientas. Me sentí libre, liberado de las cadenas de la humanidad y entregado a los instintos primarios. Mi aullido resonó en la noche, mezclándose con los ecos de otros lobos que respondían a mi llamado.

Ahora, mientras miro atrás en este relato, siento una extraña mezcla de horror y fascinación.

La maldición lunar se apoderó de mi para toda la eternidad.

Mi relato llega a su fin y dejo estas palabras como un testimonio de la oscuridad que acecha en las sombras de la licantropía. Espero que mis palabras sirvan como advertencia para aquellos que se sienten tentados a explorar los misterios prohibidos.

Pues en los recovecos de la leyenda yace un horror que desafía la comprensión humana y una vez liberado, amenaza con sumirnos en un abismo de terror indescriptible.

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